En la isla de Ibiza, entre San José y San Jordi, tengo mi estudio en la montaña.

Aquí es donde encuentro la luz, la intimidad y la conexión con la naturaleza que necesito para mis creaciones. La idea de cada pieza surge normalmente en mi cabeza. La inspiración puede venir de la observación de una figura o forma especial o incluso de las cualidades propias de un animal, como los cambios de color del pulpo.

Algunas veces la idea surge a partir de un espacio que necesita incorporar una pieza.
Puedo proyectar qué tipo de figura dará vida y personalidad al lugar al que será destinada. A veces decido utilizar piezas en proyecto o ya finalizadas en función del espacio.

Mi forma de crear podría definirse como una evolución orgánica y espontánea. Se trata de una constante experimentación hasta que surge algo que me empuja a tomar otra dirección. Algo que atrae mi atención y me impulsa a continuar explorando esa vía. Esta reiteración continua de prueba y error se produce hasta que siento que la pieza está terminada.

La materia principal de mi trabajo es la madera. Cuando trabajo con ella la siento como si estuviera viva. Y de alguna manera lo está. También uso todo tipo de materiales reciclados como cables, piezas de metal, trozos de neopreno y cualquier cosa que funcione para mí.

El momento del descubrimiento, cuando retiro la primera capa desgastada y mordida por el sol o el mar y revela sus colores y matices singulares. También trae consigo el olor y las esencias de la madera de sabina y su conexión prehistórica con la isla.

Todos estos factores la convierten en el material ideal para mi trabajo, con sus múltiples y variadas texturas, tonalidades y superficies blandas y duras ideales para explorar.

La madera me permite jugar, combinar con otros materiales y crear algo que es una
mezcla de muchas cosas.

También disfruto con las historias que cada material lleva impresa en su memoria, como el tronco que apareció después de mucho tiempo oculto en un acantilado y otra que perteneció a un barco de pesca que navegó tanta veces por el mar. Son momentos muy especiales que me reportan inmensa alegría y satisfacción.

Todos estos elementos van añadiendo valor a la obra hasta el último momento en que veo a la pieza terminada. Cuando miro el objeto finalizado y algo se remueve en mi interior, me hace sentir increíblemente bien. El mirar los pequeños detalles del acabado, los colores, las diferentes formas y las emociones que cada pieza me transmiten es una necesidad constante para mí.